El escenario político no podría ser más favorable para los políticos. A falta de propuestas políticas, nada mejor que el uso de la publicidad negativa, nada mejor que atacar al adversario. Nada más rentable.
Los partidos y candidatos exigen a los electores prestar atención a los intereses de todos, mientras aquellos se divierten de las voluntades de los demás, mientras se chacotean a expensas de las preocupaciones y necesidades de los mexicanos (y por supuesto, del erario público).
Las campañas electorales no son otra cosa que una puesta en escena. En la cual los electores han quedado reducidos a espectadores. Por lo demás, es decir, la política, no hay problema: los partidos y candidatos se encargan del entretenimiento.
Los electores tienen la oportunidad nada desdeñable de determinar quién tomará las decisiones colectivas en los próximos 3 años. Pero las opciones disponibles no convencen.


